Prestigia nace de una idea sencilla: el injerto capilar es una cirugía y debe tratarse como tal. Sin promesas vacías, sin protocolos universales, sin atajos. Lo que hacemos es medicina aplicada al detalle del rostro, y la responsabilidad de cada caso recae sobre las mismas personas que lo operan.
Prestigia se levantó con una convicción incómoda dentro del sector: la mayoría de los pacientes llegan al quirófano sin un diagnóstico real. Se les vende un tratamiento antes de explorarles. Nosotros decidimos darle la vuelta.
El proyecto lo dirigen médicos en plantilla que pasaron antes por hospital, no rotatorios contratados por sesión. Cada paciente es evaluado por un equipo que conoce su caso de principio a fin, y que sigue ahí en la revisión del primer año.
Antes de cada intervención hay una valoración médica completa: revisión de densidad, evaluación de la zona donante, análisis de antecedentes, descarte de contraindicaciones y comprobación del estado general. Si el caso no procede, se dice. Si procede con matices, se explica.
De esa primera consulta sale una recomendación honesta, aunque no sea la que el paciente esperaba escuchar. No firmamos cirugías que no recomendaríamos a un familiar.
No son valores corporativos colgados en una pared. Son las reglas que aplicamos en cada consulta, cada cirugía y cada revisión.
Diagnóstico antes que técnica. Indicación antes que venta. Cada decisión clínica se sostiene sobre evidencia, no sobre la moda del momento. El paciente sabe qué se le va a hacer, por qué, y qué resultado es razonable esperar.
Líneas frontales suaves, distribución biológica del folículo, ángulo respetuoso con el patrón original. No buscamos densidades de catálogo: buscamos cabello que no se note, que envejezca contigo y que no delate al cirujano.
El paciente entra, opera, se recupera y revisa con el mismo equipo. Cinco médicos en plantilla, sin subcontratas, sin externos. La persona que explica el caso en consulta es la misma que está en quirófano y la misma que firma el alta.
No hay protocolos universales. Hay un orden, y se respeta paciente a paciente.
El paciente llega y se le explora. Densidad, calidad del tallo, patrón evolutivo, salud general, expectativa. De ahí sale un diagnóstico claro y una recomendación: medicina, cirugía, ambas o ninguna por el momento.
No se vende nada en esa primera cita. Se diagnostica. La decisión la toma el paciente con la información encima de la mesa.
Se traza la línea frontal sobre el rostro del paciente, no sobre una plantilla. Se calcula el número real de folículos disponibles en la zona donante. Se define en cuántas sesiones tiene sentido abordar el caso y con qué prioridad.
El plan se revisa con el paciente antes de fijar fecha. Si algo no convence, se reescribe.
Una sola cirugía por jornada en cada quirófano. Anestesia local. Técnicas FUE Zafiro y DHI según convenga al caso. El equipo médico está presente de principio a fin, sin rotaciones intermedias.
El paciente sale del centro con instrucciones claras, una vía de contacto directa y la primera revisión ya agendada.
El injerto se evalúa, no se abandona. Cinco controles programados durante los doce meses posteriores, todos con el mismo equipo médico. Si hay que ajustar tratamiento médico complementario, se ajusta. Si hay que documentar evolución, se documenta.
El resultado final se valora a los doce meses, no antes. Y se enseña, fotografiado en la misma luz, ángulo y distancia que la imagen previa.
El primer paso hacia tu mejor versión.
El punto de partida de tu nueva imagen. Completa el formulario y nos pondremos en contacto contigo para programar tu valoración clínica, donde definiremos un planteamiento quirúrgico estrictamente a tu medida.
Nuestro equipo médico te contactará en breve.
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